Blog

La evolución del almacenamiento digital (Parte 1)

Por R. Marcelín Jiménez

La información es un bien intangible, pero estratégico, del que depende la continuidad de los procesos de las organizaciones modernas. El volumen de la información que éstas manejan ha crecido y seguirá haciéndolo en los próximos años. No se puede seguir pensando en las soluciones tradicionales para su almacenamiento por varias razones entre las que puede destacarse el costo de su operación, el límite en su capacidad de crecimiento, su vulnerabilidad y la dificultad para atender cargas de trabajo masivas y concurrentes. La necesidad de nuevas soluciones se ha visto reforzada como consecuencia de la llamada transformación digital y de las regulaciones que establecen largos períodos de tiempo en los cuales la información debe preservarse, como lo indican las leyes sobre la preservación archivos y las leyes de relacionadas con la transparencia y la rendición de cuentas.

Al mismo tiempo, la soluciones en el dominio del almacenamiento y la recuperación de la información deben prever los usos de los contenidos que gestionan, con la intención de favorecer su máximo aprovechamiento. Esto es, se debe considerar que el almacenamiento no se utiliza sólo para guardar los datos activos o los de respaldo, sino que éste es la base de muchas operaciones cotidianas de la organización, para las que ya existen aplicaciones que utilizan el servicio, mediante una interfaz normalizada. Por ejemplo, el trabajo cooperativo, el manejo de catálogos documentales, las herramientas para soporte de flujos de trabajo, la administración de bases de datos, son algunas aplicaciones que requieren de un almacenamiento temporal. En consecuencia, se debe esperar que un sistema de este tipo soporte procedimientos normalizados que permitan conectarlo con este tipo de aplicaciones.

Referente a la cantidad de información que se produce a nivel mundial, de acuerdo con un estudio realizado por la firma International Data Corporation (IDC), la información creció a una tasa del 62% entre los años 2008 y 2009, hasta llegar a cerca de 800 mil PB. En 2010, alcanzó 1.2 millones de PB, o 1.2 Zettabytes (ZB) y para 2020 debió alcanzar los 35 ZB. Si cada byte de información digital creado hubiera tenido que almacenarse, habría un déficit de 35% en la capacidad disponible. Para el 2020 se estima que esta brecha habría aumentado a más de 60%.

En este escenario, estamos atestiguando la evolución de las tecnologías de almacenamiento. Entre los implicados inmediatos en esta transformación podemos mencionar al gobierno, los servicios financieros, la salud y todas las organizaciones cuyos procesos de negocio están fuertemente vinculados con las TIC. En los próximos años, los administradores de las TIC (CTO: Chief Technology Officers) deberán tomar importantes decisiones concernientes a las capacidades de almacenamiento de sus organizaciones: ya sea que su almacenamiento se soporte basado en recursos propios, o como un servicio provisto por un tercero. Sin embargo, los cambios impulsados por esta transformación llegarán hasta las pequeñas organizaciones y aun a los usuarios particulares.

¿Está preparándose para el tsunami de datos que se aproxima, o está comenzando a perder el control de sus dispositivos de almacenamiento?